Sin autorización para escribir historias sobre ti. Acto -de rebeldía- parte I.

Creo la historia de amor perfecta debajo de tu frío pensamiento, en cuanto cada palabra que leo, parece única, solo tuya, como yo. […] llevas a cabo maquinarias no antes inventadas que generan sentimientos desconocidos en mi persona, como tu.

Cada célula cambia con mi ritmo cardíaco en cuanto pruebo tus palabras y tus actos de poco amor. Cuando logras emitir atención prestada que me brinda ilusión, de la cual he vivido mientras vivo otra vida en la que vivo como soy: un acto en el que desvanesco emociones si no es por lo que hago y me carcome la alegría cuando encuentro respuesta al «ya no es».

Un simple coincidir en la no vida poco humana que hemos decidido navegar.
Como barco en altamar, las velas descansan de noche porque hay tranquilidad.
Así tu con la ausencia y el silencio. Así yo, como la vela apagada.

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Vida turbia.

He mirado al abismo y me he quedado en el, con mi escucha las palabras han sido absorbidas por él, no he podido entablar una conversación desde que me he hundido aquí, bien lo decía, no mires hacia el, porque estarás viendo desde el, enturbiaste tus aguas para parecerlas profundas, he llegado aquí, y en éste sitio me he de quedar hasta que las llagas en mi cuerpo me cubran por completo y me hagan morir. Hoy nado entre palabras y me entretengo con metáforas las cuales sólo yo puedo interpretar, el abismo me ha sanado, me ha precavido de relacionarme con más, ni menos que conmigo, me gusta revolitear mis alas de pétalos que he construido en ésta masa intangible de palabras y sonido, he actuado de forma amable y te he escuchado, podría no ser quien quiero, pero mi deseo pronto me sacará de aquí, cuando yo pueda resurgir de él. 

Si, tú. 

No sabía que más sentir por ti, si ya había sentido amor y no había funcionado. Las horas se consumían entre palabras, y yo me consumía por ti, reluciente pavo real, que con tus colores me atrapaste. Tus ojos como grandes libros me contaban historias, tu atención como la mielina me revestia toda. Esa sonrisa que no encuentras en ningún aparador, me hacía viajar miles de kilómetros de imaginarte, y a mi me gustaba quedarme, acurrucada en tu regazo. Las noches solían ser nuestras, y tu atención toda para mi. ¿Qué puede ser más valioso si no son las palabras que accedes a dirigirme…? No eran de odio, no eran de amor, pero eran de interés, disposición que me fascinaba y a la vez me tortura, ahora, tu silencio que ensordece las tardes, y mis malas bromas infantiles, y mi falta de conexos

Por qué puedo mirarte sin dejar de ver en que puedas equivocarte, las personas —yo no lo soy mas— pero he notado, que si las dejas desahogarse, caen en cuenta que lo que dicen no son más que mentiras que ellos se creen hasta el tuétano, mentiras que arraigan, en el lugar en el que se posicionan, no hay nada, absolutamente. No puedes clasificar a menos de vertebrados e invertebrados, entre sucios y profilácticos. No me provoca mucha lástima ver como suceden los agravios al humanitas… No me molesta en absoluto.  Porque ya no me siento parte del grupo «humanoide».

Y aunque lo fuera, siento que nunca he pertenecido. 

De mundos que no se han materializado.

Estar en facebook y no hablarte es:

Como cuando estás en la misma fiesta, y en disimuladas veces captar tu esencia, al tomar un trago, al reír, y en ese momento nada puede más que mi inconsciencia, el construir un mundo mientras construyo otro, en lo sensible; el otro mundo se disuelve, no sobrevive, no se logra construir, no lo vuelves real.
Y yo solo suspiro y vivo un poco más.

Katie Ka Boom

Como su nombre dice, una explosión de una adolescente llamada Katie, porque no soporta que sus padres no estén de acuerdo con ella, y algunas veces a los padres se les complica demasiado entenderla. Mientras están conviviendo solos mamá, papá, e hijo, hermano de Katie, mantienen una relación de tranquilidad, ya que según la caricatura, el niño se encuentra en una etapa en la que sólo se dedica a el, a conocer el mundo, como todo niño de los 90’s, a través de la televisión.

Un capitulo muy curioso, es cuando Katie va a presentarles a un amigo, la familia con la tranquilidad que los caracteriza cuando están solos, se ven sorprendidos al ver entrar a un gallo vestido con un saco azul, y entonces Katie pide un momento con ellos mientras le dice que la están avergonzando frente a su nuevo amigo, En serio animaniacs… ¿Un pollo?

Entonces, Katie hace explotar su piel y la mutación de ésta, respondiendo a la ley de la materia, la cual no se destruye solo se transforma, empieza a convertirse en un horrible monstruo verde con manos de garras, demasiada violencia, dirían algunos. Después el fuego que ardía en el especímen ese hizo arrojar el saco azul de su amigo, y se dio cuenta que era un gallo, pareciera que la ternura del gallo sintiéndose desnudo va a tranquilizar a Katie, pero solo la exaspera más y se siente engañada; ¿en realidad pasa así en la cabeza de los adolescentes? ¿Qué pasaba por la cabeza de los y las niñas que veían Katie Ka boom?. Todos los mayores de 20 años hemos sido adolescentes. Desde mi muy punto de vista, es una etapa en la que empiezas a enrolarte más en el mundo, siendo un ente más, que tiene voluntad propia y debe enfrentarse a un cúmulo de competitividad y con su respectiva dosis de globalización. Angustiados por ésto, los adolescentes empiezan a ver frustradas sus más arraigadas ilusiones. No me detendré mucho en ésto, llama más mi atención como los padres no saben como afrontar las actitudes monstruosas de su hija, haciendo de ese momento como si fuese una guerra,en la que tienen que ceder, más por rutina que por disipar la situación, y pareciera que Katie en capítulos después se aprovecha de ésto, para justificar que es una «adolescente».

No todos aprehendemos y aprendemos el mundo de la misma forma, pero si algún día, alguien de ustedes piensa tener hijos, recuerden ignorarlos hasta que se conviertan en monstruos, tal vez así no tengan que usar la escalera para cambiar los focos, así como los padres de Katie Ka boom hacían.😉

Buen Ex-Domingo casi Lunes.